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miércoles, 7 de diciembre de 2011

DE NUEVO CARAVAGGIO

Me estoy leyendo una novelita de Andrea Camilleri sobre Caravaggio (El color del sol), a vueltas con internet - que cuando funciona es una maravilla - y con la potente y extraña Jocelyn Pook.


Otro cuadro de Caravaggio para pensárselo un ratico:

Archivo:Michelangelo Caravaggio 021.jpg


En el libro citado cuentan - novelando - en qué circunstancias pintó Caravaggio el cuadro, refugiado en la Casa de la Orden de Malta intentando librarse de una condena por haber asesinado a un hombre.  El autor firma el cuadro con la sangre el Bautista. Es impresionante la sensación de desnuda veracidad de la ejecución: como suele ocurrir, el verdugo sabe muy bien lo que hace y San Juan se desangra, exangüe, sobre el suelo del patio sin más alharacas. Aquí la única espantada de la escena es la vieja (al revés que en otros cuadros).


Una de las obras que más me han gustado de este autor fue La cena de Emaús. Las reproducciones, aunque buenas, desmerecen siempre. Hay que ir a la National Gallery de Londres a verlo. Aprovechad antes de que nos recorten las alas y supriman vuelos.

Archivo:Caravaggio.emmaus.750pix.jpg



Más y más fascinación por este autor, ahora averiguo que hay una película del mismo título de un cineasta del que no tenía idea: Derek Jarman (1942-1994). Hijo de un oficial de la RAF y una india, se contagió del VIH en los 80. Homosexual militante, admitió públicamente portar el virus, una de cuyas complicaciones le llevará a la tumba finalmente. Otro raro, como el amigo Michelangelo (Merisi). No hay sino decir que su primera película fue íntegramente grabada en latin.





Archivo:Prospect Cottage, Dungeness.jpg


Os dejo una foto de la casa en la que se refugió -entre nórdica y zen - con su austero jardín de piedras.

viernes, 17 de septiembre de 2010

LAS VIEJAS DE CARAVAGGIO

No, no me he olvidado de Michelangelo Merisi. Imposible. Ahora que tengo un ratico quiero hablar de algo que me impresionó mucho cuando vi su cuadros: las viejas que saca en ellos. Como corresponde a su pintura, tan auténtica, son viejas de verdad. Sin apaños, sin idealización (¡por supuesto¡) sin belleza, ya olvidada si es que la tuvieron alguna vez. No guardan de la juventud ni frescura, ni  inocencia, ni de la madurez la dignidad o la plenitud de gobernar la propia vida. En sus rostros podemos ver, con terrible certeza, la ferocidad de una vida muy gastada. Toda alegría, amabilidad o contento quedaron barridos hace ya tanto tiempo que ni siquiera queda en su gesto la amargura de la pérdida.

Estas viejas se han reinventado a sí mismas. Sin concesiones, sin cuentos ni zarandajas. Ya miraron frente a frente a la vida, y ésta les derrotó, como a todos. Pero luego parecen haberse replanteado su existencia. Han pensado ¿Y qué? ¡Adelante con los faroles¡ 

Así las encontramos al lado de otras jóvenes a las que sirven - necesidades de la estética -de contrapunto. Sus arrugas son tan numerosas que parecen una hipérbole algo humorística. Para que digamos: ¡fíjate que vieja revieja¡

Pero es necesario ir un poco más allá. No quedarnos con este papel secundario, de acompañamiento-antítesis. Si te paras y las miras, ellas te cuentan su propia historia. Aunque puede parecer que el pintor las ha obligado a participar tangencialmente en el asunto del cuadro, aportan su propia andadura vital y terminan por equipararse a las protagonistas.

En el cuadro de la Virgen de Loreto, la anciana que se postra ante la Virgen tiene un marcado carácter costumbrista, que en su tiempo resultó escandaloso por "indecoroso". Según las normas del Concilio de Trento, ciertos asuntos religiosos debían ser tratado con "decencia", es decir, no se podían poner figuras inconvenientes o que resultaran inadecuadas para la dignidad del tema. Este cuadro fue rechazado por los encargantes, entre otras cosas, porque los pies del fiel quedaban a la altura de la vista del espectador (esto puedo comprobarlo in situ). Más aún: el campesino se olvidó de lavarse los pies y hacerse la pedicura antes de ponerse a rezar a la Virgen ¡Qué vergüenza¡  Conclusión: ¿sólo las clases ociosas pueden comunicarse con la Virgen? ¿Le han preguntado a la Virgen si le molesta que sus devotos no vayan bien vestidos y calzados?. Está claro que Caravaggio pensaba que no. La madonna se vuelve con atenta solicitud a lo que le dicen estos fieles.



La anciana está desdentada, y como el hombre viste muy pobremente. Éste lleva camisa, calzón corto y un jubón y una capilla por todo abrigo. Llevan ambos un palo o bastón seguramente de peregrinos. Han debido caminar mucho, en el gesto del hombre se advierte el cansancio o la dificultad de la postura de arrodillarse ante la Virgen.

Por cierto ¿No parece más joven él que ella?  En vez de matrimonio ¿no serán madre e hijo?
¿No serán otra cosa?  ¡Ay, que ya estamos pensando mal¡ En fin, si venían a pedir perdón por estos pecados, quizás sí que debieran haberse lavado y adecentado un poco ¿o no?




En el cuadro de la Virgen, Santa Ana y el niño -un cuadro raro-raro-raro¡¡- volvemos a encontrar los mismos rasgos distintivos del autor: una iconografía extrañísima, jamás representada y que no tiene que yo sepa, base alguna en los Evangelios y el consecuente rechazo de la jerarquía eclesiástica. Estas figuras totalmente atípicas creo que no tienen ni antecedentes ni seguidores. María -con un escote talmente indecoroso, según Trento y según cualquier revista del corazón que la fotografiara - enseña a un niño Jesús desnudo (¿por qué está desnudo?) a pisar la cabeza del áspid.¿No era ella la que tenía que hacerlo? Jesús pone gesto de ¡qué asco, mamá¡ Santa Ana asiste a la escena como quien no quiere la cosa, las tres figuras sobre un fondo neutro que no da referencias espaciales ni temporales.



La Santa Ana, venerable y culta que enseñaba a leer a la Virgen niña, se ha transmutado en una vieja que se las sabe todas. Sabe que los libros valen poco frente a ciertos reptiles (cada cual ponga aquí quien más le afecte) si no es tirándoselos de canto. Está poniendo cara de "dale, dale, pisa con fuerza"



Aquí dejo esta otra imagen de Santa Ana, del muy relamido Murillo (con quien me reconcilié gracias a sus cuadros del Hospital de la Caridad), para que se vea la diferencia. En el de Murillo, además de la pincelada esponjosa, la luz dorada y los angelicos bajando para ponerle el "cumlaude" a una María salida de un concurso de bellezas infantiles, Santa Ana aparece como una muy digna señora incapaz de hacer todo lo que sí que podría la de Caravaggio. Esta Santa Ana no viaja en el Imserso porque le sobra categoría. La de Caravaggio, porque no cobra jubilación. Los mundos que nos presentan está tan lejanos como una película de Doris Day respecto de otra de John Sayles.


Pero sin duda la imagen que más me gusta es la de la vieja criada que acompaña a Judith cuando le está cortando el gaznate a Holofernes. Esta figura suele aparecer en todos los cuadros de esta temática, si uno se pregunta por qué es posible que alguien argumente: para cargar con la cabeza el decapitado. Ahora bien: una joven que ha podido (no moralmente, sino físicamente) degollar a un varón ¿necesita que alguien le lleve un bulto? Otra posible explicación sería que Judith se había presentado en el campamento del general enemigo formalmente acompañada de una criada, pues está muy mal que una joven decente se pasee sola por campamentos enemigos. Claro que esto sería para salvar apariencias pues todos sabían que Judith venía (eso creían) a pasar la noche con Holofernes.

Detalle de Judith y Holofernes
Yo tengo otra teoría: Judith necesitaba que alguien le explicara cómo se degüella a una persona. Yo creo que Caravaggio pensaba lo mismo, pues en el cuadro se ve a la joven heroína con el mismo gesto de repulsa y decisión que el Jesús de la serpiente. Ponen cara de: esto es muy desagradable, pero debo hacerlo. La criada, que ya adelanta el saco donde meterán la cabeza, acerca su rostro al de Judith como si hubiera estado dándole instrucciones: "ahora le coges del cabello, y con su espada le cortas el pescuezo". Judith se retrae de su propia acción, al ver el chorro de sangre (no quiere mancharse su blanquísima camisa, no vayan a darle el alto al salir). La criada adelanta el trapo. A mí me parece que no es la primera vez que se ve en una de éstas. Está tan tranquila, pasito a pasito nos lo cargamos y a otra cosa.



Se parece a la Herodías de este otro lienzo. Aquí la auténtica promotora de la decapitación está como ausente, como si o fuera con ella, aunque si nos fijamos bien su mirada es de las de "¡Ahí te quería yo ver¡". Lo mismo hace Salomé, que desvía la mirada mientras el verdugo le coloca la cabeza del Bautista en la bandeja, tal y como ella solicitó. ¡Vaya con las féminas¡



domingo, 29 de agosto de 2010

DAVID'S FLAT Y CARAVAGGIO




Son las 12 de una noche muy calurosa. Hace poco que me he dado una deliciosa ducha de agua fría – realmente fría, no lo que sale por las tuberías zaragozanas – en un baño diminuto que compartiré con otros huéspedes alojados en este lugar. Tal y como me esperaba tras leer los comentarios de los anteriores usuarios, la limpieza del lugar deja que desear. Me me traído unas chanclas y he procurado tocar lo menos posible a mi alrededor. He de decir que, ya que venía más que prevenida, nada me ha sorprendido. Incluso lo había imaginado aún peor: el baño, aparte de pequeño y ya sucio por haber sido usado, es nuevo y no tiene aspecto cutre.


Un joven muy amable me ha llamado esta mañana a España para que le confirmara la hora de mi llegada. Le he llamado con el móvil en cuanto he llegado a la Estación Termini. Tenía la esperanza de que me dijera “De acuerdo, paso a buscarte¡” Pero no. Me ha dicho “¿Sabes cómo llegar? Está muy cerca¡” y como soy tan, tan autónoma y tan de la liga antitaxis, me he recorrido los 12 minutos que me separaban del hostal con mi maletita de ruedas por un adoquinado incomodísimo, lo que me ha dado una buena excusa para ir un buen rato lo más afuera de las aceras por si me acorralaba contra la parded ese “lumpentermininesco” que esperaba encontrar. Pero no ha pasado nada.


Llegada al hostal, una mirada a los timbres me confirma las sospechas. David’s Flat está señalado con una pegatina descolorida que no augura buenas expectativas. Aparece el joven mencionado y me introduce hasta el fondo de un “condominio” o patio de vecinos donde está claro que los del primer patio tienen mejor posición que los del segundo, que es al que yo voy. Muy gentilmente me pide la maleta con un argumento machista (Yo soy un hombre¡¡ Afirma) que no discuto dada la hora, el calor y los pisos que me temo esperan. Serán 5. 105 escalones. Con una parada en el 3º para hacerme rellenar unos papeles y pedirme el pago por adelantado tan hábilmente que (dada la hora, la situación y las pocas alternativas) no veo otra opción que satisfacer.

Me acompaña a la habitación, me la abre, me desea buenas noches y escapa antes de que yo pueda ver realmente dónde me he alojado.

Así son las aventuras de los viajes. Si todo es perfecto ¿qué cuentas a la vuelta? He decidido adornar el lugar con mucho humor y cierta dosis de literatura. Se puede decir que la habitación es muy simple, se diría, franciscana. Consta de:
-         Un suelo (menos mal), de cemento.Tiene la ventaja de que no se notan los posibles restos de basura o polvo que pueda contener o que yo pueda arrojar. Hay que decir que no parece sucio pero no pienso iniciar una investigación al respecto.
-         Un techo altísimo
-         Un armario con UNA percha
-         Una cama con colchón y almohada sobre la que están las sábanas que han de cubrirme los próximos días.
-         Una (única) toalla (me he traído otra).
-         El aire acondicionado que anunciaba la página web se ha transmutado en un ventilador que, al menos, funciona.

Opus signinum romano

Suelo de David's Flat ¿no es sorprendente¡¡?


Me recuerda algunos albergues del Camino de Santiago, los más escasos en servicios. Es bueno por tanto tener experiencia en este tipo de trances y no dejarse desanimar. Sólo echo en falta una silla para poder apoyar ropa, la toalla, la maleta.

Así que tomo posesión del lugar como si me hubiera venido a la celda de un monasterio regentado por una orden muy, muy austera y rigurosa. De ésas que realmente seguían el mandato de pobreza que señaló Jesús. Las mismas para las que trabajará Borromini, dando soluciones tan dignas, económicas y novedosas como la labor que hacían los Trinitarios Descalzos y otros entre las capas más desventuradas de Roma.

Un joven tose insistentemente dos habitaciones más allá de la mía. Veo por el patio que tiene la luz encendida. Debe estar enfermo, no puede dormir. Quizás no esté en Roma, sino en Porto Ercole. Michelangelo Merisi, al que llaman Caravaggio, está esperando para embarcar de nuevo a Roma, después de ser perdonado por un asesinato. Ha llevado una existencia arriesgada, intensa y errática. En su azarosa vida se han mezclado los ambientes más cultivados y los de más baja ralea. Ha conocido a las mentes más instruidas y los espíritus más nobles, los que supieron ver bajo las extrañas propuestas estéticas de este artista marginal y violento un profundo humanismo, el que surge en los ambientes más viles como aparece la luz de sus cuadros: poderosa y repentina, ineludible como la salvación que ya no se espera.



Caravaggio ya no regresará a Roma. Morirá de fiebres en algún lugar de la costa, probablemente solo. Los tafures que jugaban con él a las cartas en las terrazas cercanas a la Estación Termini conocerán la noticia de su muerte algunos días después. No se tiene constancia de que lamentaran su ausencia.

Ahora comprendo que mi error no ha sido tal. He venido a alojarme en el lugar adecuado, uno que estaría a la altura - salvando las distancias - de los que frecuentaría un Caravaggio huyendo de las autoridades. Si mañana voy a sumergirme en la Roma barroca, refinada y poderosa de los papas y cardenales, nada mejor que este lugar para comprender que a su lado existía otra realidad, humilde, violenta o desdichada, la que sólo asoma a la posteridad por decisión de algunos artistas.